Hace unos meses me buscó el director general de una empresa de autopartes con más de 40 años en el mercado. “No entiendo qué pasa”, me dijo. “Hemos modernizado procesos, invertido en maquinaria, pero la gente no tiene ánimo… se respira un cansancio que no sé explicar”.
Durante la consultoría sistémica, algo llamó mi atención al observar la escena: los representantes de los fundadores estaban fuera del círculo principal, sin contacto con el resto. El propósito, simbolizado por un cuarto representante, se inclinaba hacia ellos, como si quisiera recordarlos.
Cuando el nuevo director —visiblemente conmovido— se acercó al lugar de los fundadores, expresó:
“Honro su trabajo y su historia. Gracias a ustedes esta empresa tiene fuerza. Yo solo continúo lo que ustedes iniciaron.”
En ese momento, los representantes de los empleados respiraron profundo y miraron nuevamente al director. La sensación en el grupo cambió: el respeto trajo calma, y la energía, que antes parecía dispersa, regresó al centro del sistema.
Al finalizar, el director me dijo con humildad: “Ahora entiendo que la innovación no era el problema… era el olvido”. Poco después, organizaron un pequeño homenaje interno con fotos y relatos de los fundadores. La semana siguiente, el clima laboral se transformó.
Aprendizaje Sistémico
En las organizaciones, olvidar a quienes dieron origen es como cortar las raíces de un árbol que aún desea crecer.
Reconocer la historia no impide avanzar; al contrario, libera fuerza vital.
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